Travel Talks: Claves del turismo responsable

Travel Talks – Viajes y Turismo Responsable – A World to Travel (1)

Hablar de viajes y turismo responsable ha dejado de ser una opción para convertirse en algo necesario, casi – si me permitís – una obligación.

Como ganadores del Premio al Blog Responsable del año otorgado por el Instituto de Turismo Responsable Biosphere y la Fundación Intermundial, fuimos invitados por Intermundial a dar una charla sobre esta temática en Xperience (B the Travel Brand flagship store en Madrid) junto con Mi Ruta y Vivir para Viajar el pasado viernes 1 de junio.

Aquí os la dejo:

 

¿Qué es el turismo responsable y sostenible?

Una simple búsqueda online nos da los siguientes resultados:

  • El turismo responsable es una forma de viajar potenciando el desarrollo local.
  • La denominación Turismo Responsable se utiliza para definir diversas propuestas dirigidas a enfrentar los impactos negativos del turismo: daños a ecosistemas, enajenación de tierras, desestructuración de las sociedades locales, etc.
  • Por otro lado, ante la pregunta qué es el turismo sustentable o sostenible, esta es la respuesta: El turismo sostenible es aquel comprometido con ejercer un bajo impacto sobre el medio ambiente y la cultura local.

Sin entrar a ver las diferencias entre turismo responsable y sostenible, quizá también debemos acotar qué no entra dentro de esta definición.

 

¿Qué no es turismo responsable y sostenible?

Desde viajes exóticos a destinos lejanos y empobrecidos disfrazados de voluntariados de corta duración (aún en boga en ciertos países por extraño que parezca) a tours y experiencias con animales o menores de edad que algunos destinos no cesan de promocionar; por desgracia es muy fácil dar numerosos ejemplos de malas praxis en turismo.

Pero demos un paso atrás para comprender el porqué de estas cuestiones. ¿Cómo hemos llegado a tener que hablar de turismo responsable?

 

Breve historia del turismo

Si bien hay estudios que confirman que el hombre se ha desplazado por necesidad desde el inicio de su vida en la tierra en búsqueda de alimentos y tierras adecuadas para el desarrollo de su actividad como es el caso de las poblaciones nómadas y los marineros; no es hasta la edad media cuando la figura del peregrino empieza a hacerlo por otros motivos. Entre ellos, religiosos, de introspección personal y por mero divertimento.

En el siglo XVIII, los hijos de la nobleza europea emprendían largos viajes por el viejo continente en lo que llamaban el ‘Grand Tour’ y asimismo el turismo de bienestar arrancaba también con esporádicas visitas de los pudientes de la época a balnearios; siendo Cantabria un gran ejemplo de esta clase de turismo.

Tras las dos guerras mundiales, se produjo el boom de la clase media, las mejoras técnicas y el abaratamiento de los elevados costes del transporte. Se empieza asi a democratizar y generalizar el turismo desde la década de los 60 en el llamado primer mundo y hacia final del siglo XX también en el gigante asiático, que vislumbra la creación y desarrollo de una clase media antes inexistente, en países hiperpoblados como India y China, que ahora tiene el tiempo y los posibles para viajar por placer.

Es así como llegamos hasta hoy. Imagino que no es necesario que os cuente cómo los principales destinos turísticos del mundo están abarrotados de turistas (como es el caso de París, Roma, algunas islas en Tailandia, el Taj Mahal en Agra, las cataratas del Niágara o la pirámide de Chichen Itza en Mexico), pues podemos observarlo sin salir de nuestras fronteras.

En cualquier caso, si necesitáis refrescar vuestra memoria, he aquí algunos ejemplos:

  • El puerto de la Coruña, donde realizan escala seis líneas de cruceros
  • Las playas del mar Mediterráneo, donde no cabe una toalla más
  • Las Ramblas de Barcelona en fin de semana

Está claro que al ritmo exponencial que el turismo crece, es necesario parar y estudiar el cómo es posible continuar creciendo sin destruir la esencia de cada destino, reparando en la medida de lo posible el daño causado. Viajar con el menor impacto posible.

 

Viajar, un privilegio

Paradójicamente, aún hablando de masificación en el turismo, es necesario ver el gran orden de las cosas, donde los que viajamos somos la gran minoría.

Es difícil encontrar el dato exacto, pero estas tres estadísticas nos dan una idea de el privilegio que el simple hecho de viajar supone.

  • La mitad de la riqueza pertenece al 1% de la población mundial (El País)
  • Únicamente el 5% de la población mundial ha subido a un avión (PeakOil)
  • Menos del 10% de la población mundial viaja (Quora)

Y puede ser que muchos no quieran, al fin y al cabo cada uno tiene sus intereses, pero algo me dice que esa no es la razón principal por la que la gran mayoría de la población mundial no viaja. Sencillamente, ni pueden ni se lo plantean siquiera. Para alguien que sobrevive con unos pocos dólares al día, el viajar es inconcebible.

 

La responsabilidad asociada al privilegio de viajar

Somos unos privilegiados. Yo por estar tratando este tema, tu por leerme o escucharme. Los dos, por poder pensar en viajar. Y llevarlo a cabo. Numerosas veces en nuestra vida.

Con todo privilegio, no obstante, viene asociada una gran responsabilidad.

La mía, denunciar las malas prácticas y abrir diálogo, proponiendo soluciones. La tuya, si quieres unirte, viajar de manera más responsable.

 

Pero, ¿Quién soy yo para contarte esto?

Te seré sincera. No tengo formación específica en el campo del turismo responsable, no cuento con un master en sostenibilidad y soy relativamente joven para poner en perspectiva esta temática. Sin embargo, llevo viajando 20 años. Y algo he aprendido en el camino.

Si, como yo, perteneces a la generación milenial tardía – aquellos nacidos a mediados de los 80, seguro que has podido corroborar el abaratamiento de los viajes. Nosotros crecimos pudiendo acceder a destinos que nuestros padres no se habían ni planteado, a un precio que podíamos permitirnos. Es más, vivimos el boom de los vuelos de bajo coste.

Cuando tenía 20 años, compañías aéras low-cost como Ryanair revolucionaron el mercado, ofreciendo vuelos a 1€ y 1 céntimo. Así, durante años, viajé a numerosos destinos europeos varias veces al año, a una media de una vez al mes. Era la panacea. Los precios tirados me permitieron estar en todos los países de nuestro continente, varias veces en la mayoría de ellos llegando a visitar países como Inglaterra, Francia, Portugal e Italia más de 20 veces. Y pronto vinieron los viajes a otros destinos en África, Asia, Oriente Medio, Oceanía y América.

¿Un sueño hecho realidad o un horror si miramos la huella de carbono acumulada?

Ambos.

Pronto me di cuenta que la huella de carbono que suponía cada vuelo que tomaba era algo a tener muy en cuenta. Y bajé el ritmo. Sin estar orgullosa, hoy soy consciente que es necesaria otra manera de viajar. Más consciente con el medio ambiente, para empezar.

Ahora te contaré como llegué a esta conclusión.

 

He aquí algunas de las cosas que vi y me hicieron recapacitar

1. Las condiciones insalubres de trabajo de locales y animales en uno de los sitios más turísticos de Indonesia, el volcán Bromo

Este volcán indonesio (uno de los hitos de la gran mayoría de circuitos turísticos en el país) nos dejó boquiabiertos, enseñándonos las dos caras del turismo:

La mejor, vivir experiencias únicas:

  • Un paisaje épico
  • Con una cálida comunidad local
  • Y una gama de aventuras y experiencias para todos los gustos, a un precio asequible

y la peor:

  • Dudosa sostenibilidad del lugar turístico, donde una abrumadora cantidad de visitantes se dirige allí cada mañana para ver el amanecer y descubrir literalmente que no hay lugar para todos cuando llegan a la cima. El destino está completamente abarrotado.
  • Altos riesgos para la salud de los visitantes (aire lleno de azufre que se condensa y cae directamente en la cara de los visitantes que se acerca a el volcán para ver el cráter desde el mejor lugar) y locales que trabajan horas interminables inspirándolo diariamente. Esto provoca, entre otras cosas, un intenso picor y quemazón en la garganta tras estar unos minutos en las inmediaciones del crater, prueba de la insalubridad del aire.
  • Abuso animal donde se puede presenciar docenas de caballos exhaustos que transportan turistas mientras viajan de ida y vuelta desde el estacionamiento de los autobuses turísticos al cráter mismo durante todo el día, sin ser alimentados adecuadamente y en las mismas condiciones insalubres ya comentadas.
  • Además de otros cabos sueltos y situaciones de cierta peligrosidad, de las que nadie te habla mientras avanzas hacia la cima como lo fácil que es deslizarte si te aventuras lejos de los senderos designados (y por lo tanto caen en el agujero del cráter desapareciendo para siempre) o cómo los todoterrenos campan a sus anchas conduciendo muy temerariamente en la más completa oscuridad en un caos desorganizado mientras peatones, motos y vehículos intentan llegar a la cima para disfrutar el amanecer.

Bromo es el ejemplo perfecto de un destino mal gestionado, que necesita de un plan de turismo adecuado a las masas que allí llegan a juntarse.

 

2. Las condiciones semi-esclavistas de los trabajadores del sur y sudeste asiático en las construcciones de Dubai, Emiratos Árabes Unidos

Dubai, como toda gran metrópolis, también tiene dos caras.

Está el Dubai excéntrico, lujoso y de un crecimiento exacerbado, donde la gente es guapa, los coches enormes, los centros comerciales omnipresentes y los edificios compiten por records de altura. En este Dubai, el capitalismo campa a sus anchas.

Por otro lado, esta metrópolis en construcción tiene un tráfico infernal y allá donde mires, se ven gruas y trabajadores extenuados, trabajando en dudosas condiciones. Ellos no viven en Dubai, sino en los campamentos de trabajadores asiáticos – la mayoría indios y paquistanís – de las afueras de la ciudad. A los que se desplazan en furgonetas donde el lujo brilla por su ausencia, y donde la mayoría aprovechan para dormir tras sus larguísimas jornadas a temperaturas inhumanas.

En Dubai, la solución pasaría porque se respetasen los derechos humanos. Trabajar horas y horas bajo el sol abrasador de los Emiratos en verano y temperaturas que sobrepasan los 50ºC no es de recibo.

 

3. La rápida desecación que experimenta el mar Muerto, en Israel y Jordania

El mundo cambia a una velocidad de vértigo. Damos la espalda al cambio climático, perpetuando hábitos dañinos. Y mientras, no dejamos de cargarnos la tierra.

Uno de los lugares dónde estos cambios se pueden percibir está entre Israel y Jordania ¿Sabías que el Mar Muerto es cada año un metro más bajo? ¿Y que la erosión hídrica y la desecación está provocando hoyos en sus márgenes que se llevan caminos, árboles y construcciones a su paso? Ya hay más de 5000 de agujeros, y siguen apareciendo otros nuevos casi a diario.

Da miedo solo el pensarlo.

 

Medidas para un turismo responsable

Ante la insostenibilidad de estos y otros muchos casos de turismo no responsable, es preciso comprometerse y actuar.

1. Cuestiónate cada aventura que emprendas. 

A la mayoría nos gustaría poder viajar por todo el mundo, llegando a los sitios más lejanos y exóticos que el hombre pueda explorar. Pero, ¿es realmente necesario que todos reservemos un crucero a la Antártida o nos adentremos en el Amazonas en busca de la última tribu ‘auténtica’?

La respuesta es no. No solo no es necesario, sino que es contraproducente. Los paraísos intocables de la tierra, ya demasiado escasos, deberían preservarse. Y el turismo, según lo conocemos hoy día, no ayuda a este hecho. Porque, tenemos que ser conscientes que por muy responsable y sostenible que se sea, el mero hecho de abandonar nuestra vivienda para viajar a cualquier destino tiene un impacto añadido.

2. Escoge medios de transporte sostenibles

Como caminar y andar en bicicleta. O de bajo impacto como el tren, el coche compartido y el autobús siempre que puedas.

3. Viaja más despacio, de manera minimalista y respetando la cultura local

El consumo desacerbado no tiene lugar en 2018. Y cuando consumas, hazlo lo más localmente posible. Quédate en alojamientos familiares, disfruta de restaurantes pequeños y contrata excursiones y actividades respetuosas con el medio ambiente, los animales y las comunidades locales.

4. Maximiza los recursos naturales

Como la energía, haciendo un uso responsable de la misma al igual que harías en tu casa, y el agua, llevando una botella que puedas rellenar, reutilizando las toallas y tomando duchas en lugar de baños.

 

Pero hay mucho más, ¿nos dejas tu opinión sobre viajes y turismo responsable?

Gracias a Biosphere, Intermundial, XperienceMi Ruta y Vivir para Viajar.




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